Estos primeros vinos se comercializaban en cascos y ante la necesidad de aumentar la producción, José López Rivas compró una parcela de tierra en el Distrito de General Gutiérrez, departamento de Maipú, donde se construyó la primera bodega. Aquel año nacía no sólo el germen de la futura empresa familiar, sino quien guiaría sus destinos acrecentando y adecuándola a los tiempos modernos: José Federico López, hijo único de José López Rivas y continuador directo del espíritu y acción paternos.
En 1922 comienza su conducción de la Bodega, la cual se orientó decididamente hacia la elaboración de vinos finos e inició un sostenido crecimiento de superficies cultivadas y modernización tecnológica.
Desde 1934, incorporó la empresa la elaboración de aceite de oliva Extra Virgen de alta calidad, marca Marilén, a partir de su propio cultivo de olivos, que hoy es sinónimo de excelencia en aceites de oliva argentinos. En la actualidad supera las 97 hectáreas propias.
En 1994, Don José Federico deja el lugar a sus hijos Carlos Alberto López, actual presidente, y Marta López, vicepresidente del directorio quienes junto a sus hijos, Carlos y Eduardo, conforman una estirpe bodeguera de cuatro generaciones.
BODEGAS NORTON
y sus 680 Has. de superficie cultivada están ubicadas en Luján de Cuyo (primera Denominación de Origen Controlada de la Argentina) en la zona más alta del valle del río Mendoza, a los 33º de latitud sur y a una altura entre 800 y 1100m, a los pies de la Cordillera de los Andes.
La capacidad de producción de la bodega es de 100.000 hectolitros anuales, para lo cual se encuentra equipada con maquinarias europeas de última generación, principalmente francesa e italiana.
Entre sus instalaciones, posee una sala de vendimia con lagares de acero inoxidable para recibir la uva; dos descobajadoras-moledoras Delta Vaslin y tres prensas neumáticas Bucher. Asimismo, cuenta con dos salas de fermentación: una destinada para vinos blancos y la otra para tintos.
Cada sala está equipada con tanques de acero inoxidable, con camisas refrigeradas que permiten un control exacto de la temperatura durante el proceso de vinificación.
Barricas
Por otro lado, se realizan fermentaciones en barricas nuevas de roble francés, en las cuales se elabora el Chardonnay. El mosto de esta variedad es fermentado en las barricas. Una vez finalizada esta etapa, el vino obtenido en las borras finas es estacionado en las mismas barricas, para su posterior maduración dentro un período de seis a nueve meses.
Otro sector importante de la bodega es la sala para la crianza denominada “nave” y considerada como la más completa de Mendoza. Allí, tanto los tintos Norton Clásico, Barbera y el tradicional Perdriel cumplen su período de guarda o crianza en toneles de roble francés.
Los demás tintos (Merlot, Malbec, Cabernet Sauvignon, Syrah y Perdriel del Centenario), son especialmente criados y madurados en barricas de 225 litros de roble francés, provenientes de los bosques de Alliers, Nevers y Vosges. La guarda de estos vinos se lleva a cabo durante un período que oscila entre los 12 y los 18 meses.
Finalmente, cuando los vinos alcanzan su madurez óptima, son embotellados por medio de maquinarias de avanzada tecnología, en una sala especial.
A fin de llevar a cabo el proceso de maduración o guarda en botella, la bodega cuenta con un sótano para estibarlas con una capacidad superior a las 500.000 unidades.
Valor agregado de la bodega
- 1.200 hectáreas aptas para el cultivo.
- 480 hectáreas de viñedos.
- 5 fincas en la provincia de Mendoza.
Departamento de Luján de Cuyo:
Estas fincas se encuentran en la zona alta del valle del río Mendoza, a una altitud que se extiende desde los 800m a los 1.050 metros sobre el nivel del mar.
Perdriel (100 Has.)
Lunlunta (20 Has.)
Agrelo (30 Has.)
La Colonia (460 Has.)
Departamento de Junín:
Medrano (70 Has.)
- La más alta tecnología internacional aplicada en nuestro país.
BODEGAS VALENTÍN BIANCHI
Son muchos los logros obtenidos por Bodegas Valentín Bianchi S.A. a través del tiempo.
Los mismos, son el resultado de una constante evolución de la empresa, desde sus comienzos con la implantación de viñedos traídos por Don Valentín desde sus tierras de Origen, Italia, y luego de California, U.S.A. y Francia; con el uso de distintas tecnologías como ser la incorporación de diversas maquinarias de origen itálico, lo que en su conjunto han permitido que esos esfuerzos y la permanente búsqueda de tecnologías renovadas conlleven al reconocimiento de sus productos no sólo a nivel nacional sino también en el orden internacional.
En esa fundamental labor del control de calidades de los vinos Bianchi, tiene vital importancia el trabajo en equipo que hacen los componentes del grupo familiar, herederos de una permanente inquietud de progreso y modernización.
Hoy con el esfuerzo de sus hijos Alcides José Bianchi, Enzo Arnaldo Bianchi, su hijo político Aurelio Stradella, y la incorporación de la sangre nueva y heredera de sus nietos Lic. Valentín Eduardo Bianchi, Lic. Ricardo Stradella Bianchi y Lic. Alejandro Rubén Bianchi, ese sueño del viejo inmigrante está latente.
HISTORIA DEL VINO
Mendoza es reconocida y premiada a nivel mundial por sus bodegas y por la calidad de sus vinos. Mendoza es la tierra del sol y del buen vino .
Según Testimonios históricos, años después de la fundación de Mendoza la actividad vitivinícola contaba con un progreso notable y la responsabilidad se le atribuye a Pedro del Castillo - primer fundador de Mendoza - quien habría introducido la vid desde Chile. Otra teoría es que Juan Jufré - el segundo fundador de Mendoza - fue el responsable junto al padre Cidrón de las primeras plantaciones entre 1569 y 1575.
La zona de Cuyo, principalmente Mendoza, albergó la actividad vitivinícola de tal forma que en el año 1700 las tierras se cotizaban por la cercanía a la plaza principal y por la cantidad de vides que estas contenían.
Varias leyendas rodean a la aparición del vino, por primera vez en el mundo, una de las leyendas griegas le atribuye a Dionisos la idea de cultivar la vid y extraer de ella el vino; otra dice que fue descubierta por el pastor Estafilo que encontró a una de sus cabras comiendo los frutos de una planta, tomó los frutos y se los llevo a su amo, Oinos, quién al colocarlos en un cuenco, extraerles el jugo y beberlo comprobó que se regocijaba cada vez que lo tomaba.
Cuenta la leyenda persa que de las semillas que un ave dejó caer a los pies del rey Djemchid nacieron plantas que dieron abundantes frutos y que al beber su favorita el oscuro jugo fermentado de éstos frutos se durmió profundamente y al despertar se sintió curada y feliz. Entonces el rey nombró al vino Darou é Shah ( el remedio del rey ). Cuando su descendiente Cambises fundó Persépolis los viticultores plantaron viñas alrededor de la ciudad dando origen al célebre vino de Shiraz, ciudad próxima a Persépolis.
El libro del Génesis de la Biblia refiere que Noé, una vez terminado el diluvio, planta vides y bebe vino haciendo coincidir el renacimiento de la humanidad con el nacimiento del vino.
Sin embargo a la luz de conocimientos recientes, sabemos que la vid tanto silvestre como vinífera existe desde la Era Terciaria puesto que se ha encontrado hojas registradas en las piedras y semillas en asentamientos prehistóricos, en tumbas, pirámides y en pequeñas ánforas en las ruinas de ciento de ciudades. Todo ello no hace mas que atestiguar la gran antigüedad de este cultivo demostrando al mismo tiempo que el vino fue conocido por todos los pueblos antiguos desde la India hasta las Galias porque la práctica de la cosecha de racimos salvajes de vitus vinífera para obtener una bebida inspiradora era muy sencilla.
Así desde el mítico monte Ararat, que se levanta en el este de Turquía, en el que nacen varios ríos que se convierten en afluentes del Eufrates y del Tigris, la vid viajó a la cuna de la civilización, expandiéndose hacia los cuatro puntos cardinales. Por eso por su expansión hacia el Oeste que la viña conquista al mundo de la mano de los mercaderes fenicios y griegos a través del desarrollo del comercio marítimo en el Mediterráneo.
Los romanos atribuían a Saturno sus viñedos famosos y obtenían vinos que debido a su método de elaboración durante el cual le agregaban miel, alquitrán y otras sustancias para conservarlos, no serían hoy de nuestro agrado.
Tras la conquista romana el cultivo de la vid se generalizó en todo el territorio del Imperio y la fabricación de vinos se convirtió en una fuente de riqueza especialmente en la Galia Narbonnaise (sur de Francia), en el Gaillac, en el Este francés y en el Hermitage, sobre el Ródano, convirtiéndose las Galias en el centro del intercambio y la venta de vinos hacia todas las zonas europeas.
Durante la Edad Media se diseña el nuevo mapa vitivinícola de Europa bajo la impronta del prestigio de los vinos regionales y de las creencias religiosas, cristianas e islámicas. En el renacimiento comienza una nueva etapa en la historia del vino, porque en los siglos XV y XVI cuando se mejoran los sistemas de vinificación y los vinos de Borgoña, Champaña y Burdeos, en Francia, comienzan a adquirir la fama que los hará célebres. Sin olvidar a Don Perignon que descubre el modo de preparar el champaña espumoso.
La tradición de los vinos franceses llegó a América con los españoles, que transportaban durante la Conquista las especies vegetales mas importantes para ellos: la higuera, el olivo y la vid. A la Argentina la vid llegó desde Chile junto a los primeros colonizadores que pisaron nuestro país.
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